Me dije hace muchos años incluso antes de conocer a mi ahora esposo que para mis 30 años ya debería tener un hijo y el único hijo que tuve en ese momento fue mi negocio que si, llegó a mis 30 años como me lo había dicho, llegó justo después de salir de una crisis emocional y decidir empezar de cero una nueva vida donde pudiera vivir mi duelo de no poder ser mamá pero al mismo tiempo queriendo hacer algo por mí, para mí, mi familia, los que me rodean y por todos los que pasaran por mi vida, porque creo que todos podemos de alguna manera hacer una diferencia en la vida de los demás y no nos damos cuenta de lo sencillo que es hacerlo, a veces simplemente con sonreír.
La entrega y el amor que le tengo a BodyBrite es porque llegó en el momento justo cuando yo lo necesitaba, así como todo lo que ha llegado a mi vida y pude salir de esa nube gris en la que estaba al darme la oportunidad de arriesgar todo lo que teníamos, endeudarnos y recibir apoyo de nuestras familias para este proyecto que me regalaría la libertad económica que estaba buscando pero sobretodo me daría los recursos para hacer lo que estuviera en nosotros por tener a nuestro bebé y para eso se necesitaba dinero.
Mi negocio no es mi trabajo, no es lo que tengo que hacer, es parte de mi historia y ha sido también mi fortaleza en mis momentos de crisis, mi equipo de trabajo es mi tesoro y la satisfacción de nuestros clientes el motor de cada día.
Gracias al esfuerzo diario de todos los que formamos parte de este proyecto y los colaboradores que han pasado por aquí nuestras ventas han mejorado año con año, hasta hoy 24 de marzo 2020, hoy tuve que cerrar las puertas de mi primer bebé, puertas que abrí por primera vez hace casi 5 años con tanto amor e ilusión, confiada del futuro.
Hoy ese futuro es mi presente, un presente que tuve que frenar y aceptar que algo estaba pasando, ya no podía seguir evitando la angustia, las caras, la frustración e incertidumbre que de manera colectiva se sentía en el entorno, ya no había forma de pretender que nada pasaba, sigo confiando firmemente que estaremos bien, ¿bien?, sí! bien, diferentes pero bien.
Escuché que algo pasaba, pero China me queda tan lejos que jamás imaginé que de un momento a otro tuviera que quedarme en casa para cuidarnos de lo que allá comenzó.
¿Qué sentí? La verdad es que he pasado por todo, nostalgia de despedirme por tiempo indefinido de un proyecto que le he invertido no sólo dinero, más allá de eso tiempo, lágrimas, desvelos, ganas, ilusiones, fe y esfuerzo diario. Después enojo al ver las noticias y permitirme contaminar mi mente de esa manera, dejé que todo el ruido de afuera entrara en mi casa, angustia, frustración, paranoia y miedo me invadieron de manera momentánea, no me sería posible seguir cargando con todo eso, así que me despedí, lo acepté, lo solté y me agarré de todo lo que me hace feliz, de todo lo que hoy me mantiene agradecida.
El miedo ha sido siempre mi mejor herramienta para crecer, me recuerda que nada es para siempre y que los cambios como nos lo han dicho repetidamente son buenos si aprendemos de ellos la lección que tienen para nosotros.
Siempre hay formas de darle la vuelta a las circunstancias difíciles, yo hoy doy gracias por tener un techo donde dormir, comer y vivir con mi esposo e hijo momentos que envueltos en la rutina jamás hubiéramos podido.
Momentos que diariamente anhelábamos tener, pedí durante años T I E M P O para parar, descansar, no pensar en nada más que disfrutar cada minuto, cada hora, cada día, hoy lo tengo y podría decidir preocuparme por el futuro pero regresaría a dejar de disfrutar mi presente.
¿Debería preocuparme? Tal vez, pero prefiero ocuparme de todo eso, responsabilizarme y tomar acción, cuidar a mis colaboradores, mantenernos activas con la mente generando nuevas ideas, administrar mis recursos, aceptar que debo estar en casa y agradecer justo eso, la serenidad de no tener que correr de un lado a otro, no tener tiempo límite para jugar con mi hijo, poder desayunar, comer y cenar juntos los tres sentados en la mesa, algo que nunca antes habíamos podido hacer, disfrutar el gusto por cocinar que tiene mi esposo, descansar en la tranquilidad de saber que mis papás tienen también un espacio para poder pasar este momento y saber que están protegidos, explorar la tecnología que hoy nos ayuda a mantenernos cerca aún estando lejos de nuestros seres queridos.
Quisiera hacer tantas cosas, ayudar a otras personas que no tienen los recursos suficientes para poder quedarse en casa, pues todos tenemos el mismo valor como seres humanos, somos muchos, ¿cómo podría hacer algo por todos? no sé si tengo mucho o poco, pero todo lo que tengo me gusta compartirlo, así que si estás leyendo esto y necesitas algo no dudes en decirlo.
Sé que regresar no será sencillo, sé también que no seré la misma y he decidido vivir mis días en casa con la certeza de que podremos juntos volver a empezar las veces que sea necesario, por mí, por él, por nosotros, para mantener nuestras sonrisas siempre.
Mis papás me enseñaron que con amor y mientras tú des siempre lo mejor de tí, cuando todo lo que hagas salga desde tu corazón este te guiará y dará la fuerza aún en los días más difíciles.
Hoy sé que los sueños se cumplen, que cuando realmente deseas algo desde el corazón harás todo lo que se necesite para lograrlo y agradecerás incluso los días malos, los desvelos, las lágrimas, días sin descanso, etc.
Hoy sé que todo llega en el momento preciso, no antes, no después, eso me costó muchas lágrimas entenderlo.
Hoy sé que para hacer realidad los sueños se requiere valentía y que así como yo pude, si tu realmente quieres también puedes.
Hecho está 💙